Trekking al Volcán Hibok-Hibok en Camiguin
Camiguin es una isla que combina a la perfección naturaleza volcánica, playas tranquilas y rincones llenos de magia. Durante el verano, parte del equipo de Woola Filipinas decidió subir el volcán Hibok-Hibok, una de las rutas más famosas —y exigentes— del país.
Lo que empezó como un simple “¿y si subimos el Hibok-Hibok?” terminó siendo una aventura intensa, sudada y totalmente inolvidable.
Una ruta exigente: barro, desnivel y terreno resbaladizo
Es importante decirlo desde el principio: el trekking al Hibok-Hibok no es para cualquiera.
El terreno tiene mucho desnivel desde los primeros metros y el suelo suele estar resbaladizo por el barro, especialmente después de la lluvia.
Si te gusta combinar tus vacaciones de playa con un toque extra de aventura, deporte y adrenalina, esta ruta es para ti. Pero si buscas algo suave, mejor aprovechar otros senderos más fáciles de la isla.
Permisos obligatorios: trámite el día antes
Para subir el Hibok-Hibok es necesario gestionar un permiso obligatorio.
Este permiso se obtiene el día anterior en la oficina de turismo, donde además se registran los senderistas y se asigna un guía oficial. Es un trámite rápido, pero imprescindible.
Empezar antes del amanecer
Comenzamos el trekking a las 5:00 de la mañana.
Salir tan temprano es clave para evitar el calor y aprovechar la frescura de las primeras horas.
El sendero se adentra rápidamente en el bosque, donde los sonidos de la selva acompañan todo el camino. En un tramo de la subida tuvimos la suerte de encontrarnos con monos moviéndose entre las ramas, un momento inesperado y precioso.
Miradores naturales y vistas a White Island
A medida que subes, el paisaje se abre dejando ver el mar y parte de la costa. Uno de los puntos más espectaculares del recorrido es la vista hacia White Island, la icónica lengua de arena blanca que flota frente a Camiguin.
Verla desde arriba le da una perspectiva totalmente distinta.
El cráter del Hibok-Hibok: un lago escondido
Después de varias horas de subida intensa, llegamos al cráter del Hibok-Hibok.
Allí nos esperaba un pequeño lago tranquilo rodeado de vegetación, un rincón silencioso que contrasta con el esfuerzo del ascenso.
Es uno de esos paisajes que te hacen olvidar la sudada y te recuerdan por qué vale la pena llegar hasta aquí.
Después de descansar un momento, decidimos continuar caminando un poco más hasta la cima del volcán. Sin embargo, justo cuando llegamos, la montaña decidió jugar con nosotros: se nubló por completo y una densa niebla cubrió el mirador.
Así que esta vez no pudimos disfrutar de las vistas… aunque eso nos dio una excusa perfecta para volver algún día.
Final al mediodía: la recompensa perfecta
Terminamos la ruta al mediodía, justo a tiempo para dirigirnos a un restaurante local y disfrutar de una buena comida local para recuperar fuerzas.
Después de tantas horas subiendo, el cuerpo lo agradece más que nunca.
Una experiencia ideal para los viajeros más activos
Subir el Hibok-Hibok es duro, sí. Pero también es una de las experiencias más completas que ofrece Camiguin: naturaleza, deporte, adrenalina y vistas únicas. Si quieres añadir un toque extra de aventura a tu viaje por Filipinas, esta caminata es perfecta para ti.
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